viernes

Tengo miedo.

Cambiaron todas las cosas que pensé que nunca iban a cambiar.
Todos me lo dijeron.
Creí demasiado en esa
cosa.

Me devuelvo. Retrocedo. Me pierdo.

Respiro las manos que me regalaron, no se quién.
Caigo, caigo, caigo, caigo, caigo...

Caída infinita con mal final.
Termina
pero a la vez es infinito.
Raro.

Ocurre que mano con mano llegamos al mar.
Una vez también me lo regalaron.

Todo comenzó ahí,
y aunque atrás estaba lleno de cajitas,
las quemé una por una,
para resibirla a ella.
Que ahora tampoco está.

Fin, final, que se termina, de que se acaba, de que no hay más.

Las parejas siempre están juntas de ojos azules en el sur.
Pero nadie es igual a nadie.
La lluvia cae como caigo.
Como si nunca fuera amanecer bien.

Dicen que la pena es pasajera.

Todos hablan de esto que me pasa,
los poetas manosearon y gastaron las sensaciones de palabras aburridas.
Como éstas.

Es una cosa de especie, fisiológicamente humana.

Siempre estoy esperando.
Me hice familias que no son mías
y de propiedades que tampoco.
Que tonta.
Que vergüenza.

Podría escribir cosas peores.