miércoles

El futuro


Al dia siguiente todos despertaron en lugares distintos. 
Podrian haber pensado, como cualquiera de las noches anteriores, que la borrachera y las drogas no los dejaban recordar. Pero no pensaron eso, porque sabian que no era así. 
Eran tres, sin género. Y sabían exactamente lo que hicieron antes de dormir. 

Parcialmente distintas y parecidas a la vez decidieron despedirse. Se demoraron toda la vida hasta antes de ayer, sin separarse ni un solo segundo de lo que importaba de sus importantes vidas compartidas. 
Todo era un juego que a todas les gustaba jugar. Porque cualquier combinación es posible cuando se trata de tres. 

Uno de ellos pertenece al lugar mas bello del mundo, que no tiene ni nombre ni historia. Solo tiene familias y pasillos enredados de relatos oscuros. Y es por eso que ella dice esta sola, pero solo dos saben que no es así. 

La otra se la lleva volando en historias de su propia creación, en donde el héroe de la historia es otro pero es él a la vez. Ama pero no entrega. Lo define la evasión, y aunque el más bello es también el más triste de todos y el más mentiroso de los tres. Por no querer decir, siempre termina vomitando cosas que no son, y se meten juntos en telarañas que solo de tres se pueden desenredar. 

Cuando se vive de tres nunca se vive del todo bien. Una armonía extraña los mantiene vivos, una perfección asquerosa pero funcional. Es raro. Es gustoso. Y Bordea límites. 

El último de ellos duda todo el tiempo. No está seguro de nada pero pareciera que sí. Vive distinto en un mundo de inventos y se mete en todo lo que no se tiene que meter, sobretodo por entremeterse entre dos para ser tres. Entre cabezas pensantes que la engañan constante, justamente de tanto pensar. 

Todo es complicado pero no demasiado. 
De a tres, siempre hay un solitario que cambia por cada lugar, por cada acontecimiento. 
Generalmente de a tres no se sabe que son tres. Dos de frente, una de espalda. Tres manos, seis ojos, dos miradas. Rotación de los cuerpos sin género. Y una sola cama compartida para dos, llena de noches de mentiras cambiantes, de otros olores, de otros lugares, de palabras repetidas de una para el otro. Al final, todo se supo.

El Resto vendría a ser el cuarto integrante. 
El uno solitario de vez en vez se junta con él. Pero todos saben que a nadie le importa. 
Solo es, a veces, grata compañía. Noches de a todos para olvidar después. 

Se cruzan los sentidos, se envidian, se desean, se tocan pero nunca de a tres. 
Todos se mienten con todos. Pero viven de eso, de su convivencia extraña.
Dicen que nada es para siempre pero yo creo que si. 

La última noche se despidieron como si en un rato se fueran a ver. 
Ninguna dijo una palabra. Ninguno de ellos lloró frente al otro. 
Una salió corriendo y ni siquiera se digno a mirar por última vez. 
Otro, se quedo sentado en su lugar, se tomo algo para dormir y allí se durmió hasta hoy. 
El último de los tres tan solo se fue pensando que no quería hacerlo pero que lo tenía que hacer igual. 

Desde que decidieron olvidarse nunca una volvió a reír como rieron juntas. 
Dejaron sus colores, dejaron sus razones, sus vínculos complicados para no complicarse más.  Que aburrido. 
Se dieron cuenta que nada era mentira, y que las relaciones imposibles no eran imposibles. 
Si no que posiblemente únicas. 

Esta vez se acostumbraron a mentir de verdad y no era lo mismo. 
Entre ellos apenas se pensaban,  era la única forma de creer estar bien y de vivir una vida normal.

Y derrepente 
dejaron 
de existir. 

Fueron exitosas pero nunca a carcajadas. Dicen que una de ellas se atraganta cada vez que lo intenta, y que junto al resto, solo muere de soledad. De máscaras, de botellas, de no proyectar nada. 
La otra simplemente no lo intenta y flota con sus otros dos, otros dos, otros dos. .
El tres solo existe, y vive bien de mentira también. 

Pasó un día entero en años y en décadas. 
Pero llegaron a la misma hora, con las mismas caras, con las mismas familias. 
Ninguno pensó que se encontrarían, solo caminaban por pasear.