lunes

Mujer extraña,
podrías ser un fantasma.

Recorrido permanente,
estás, pero nadie te puede ver y aunque te vean, no estás ahí.
No se donde estás.
Por eso eres fantasma.
No importa si apareces, si estas bien o te encuentras un poco mal.
Atraviesas los estados de una manera extraña.

Mujer extraña, te dijo, mientras pensabas en cualquier cosa menos en él,
y solo mirabas para que pensara que le estabas poniendo atención.
Estás, pero no estás.

Te han gobernado las ansias malvadas de hacer algo para despertar las ganas obscenas de buscar un vínculo apenas perceptible, pero suficiente, antes de volver a desaparecer.
Es que tú, fantasma, jamás te aburres de los paseos mentales,
de las configuraciones sin sentido que se desarman con rapidez.
Como los dibujos, como los escritos, como las palabras. Así sobrevives.

Te desases de cualquier cosa menos de los pedazos de carne que arrastras al levantarte,
y al volver a recostarte, sin poder dormir, pero al menos pensar que puedes descansar un poco...
pero sueñas y no te apagas. Y en el sueño que sueñas, estás, pero no lo puedes volver a recordar.

Eres fantasma por que te ha dejado de importar.
Y eres extraña porque callas justo lo que nadie calla, y dices lo que nunca te van a decir.

Me parece muy bien que hayas rendido tu deseo feroz de rendirte frente a la pesada permanencia eterna de ti contigo. Has dado el gran paso, eterno y sin retorno, de permanecer inevitablemente

mientras sigues buscando un poco de paz.